“¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?”. Ante la pregunta de aquel fariseo, experto en leyes, Jesús da una respuesta directa y clara. Lo primero y principal, el mandamiento mayor, es el amor. “Amar a Dios y al prójimo”
(Dice el evangelio de Marcos, contando este mismo pasaje, que el letrado, quizás sorprendido y hasta avergonzado, dijo: “muy bien, Maestro, es verdad lo que dices”) Y (termina diciendo) que nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Leyendo este evangelio ayer en el grupo La Palabra nos hacíamos esta pregunta: Por tanto ¿en nuestra iglesia,...en nuestras relaciones, en todos los ámbitos de nuestra vida: ¿Qué tiene que ser lo primero e importante? ¿Dónde tenemos que poner el centro? ¿Qué es lo más esencial?
No sea que estemos poniendo la atención y el interés en cosas que no tienen que ver con lo que Jesús contesta y quiere.
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Amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Con todo tu ser. y a amar al prójimo como a ti mismo.
Dos líneas de vivir y de actuar que no hay imaginarlas, así, como en paralelo, ni siquiera una junto a la otra.
Si no, más bien, la imagen es: de una línea vertical que se mueve de arriba abajo y viceversa y una línea horizontal que va de un lado a otro.
La vertical y la horizontal forman una cruz + y en el punto de intersección de ambas se da esa experiencia (que colorea las dos líneas) que es..: la respuesta de Jesús y el anhelo de todo ser humano. Lo que íntimamente nos constituye.
La mirada al cielo -amor a Dios, y amor de Dios- y la mirada a la tierra, a las personas -amor a tu prójimo como a ti mismo-
Y “de estos dos mandamientos (terminará diciendo Jesús) penden toda la ley y los profetas”. Estos deben sostener y dar sentido a todos los demás.
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Nadie puede engañarse, creyendo que ama a Dios, si no confirma ese amor en el amor a los hermanos. Para vivir el Amor el mejor camino es ponerse a amar.
Sencillamente, basta que hagamos a los demás lo que queremos que ellos nos hagan a nosotros en los mil detalles de la vida de cada día.
El amor a Dios es la razón para amar al prójimo y el amor al prójimo es la garantía de que nuestro amor a Dios no es un amor estéril y vacío.
Por ello, no se puede separar la religión de la defensa de la justicia y de la lucha por los pobres. No se puede ser intransigente en cuestiones discutibles de doctrina y tener la manga ancha en cuestiones de derechos humanos y de defensa de las personas más débiles.
La Palabra de Jesús es una invitación a sacudir nuestra pasividad, a recuperar la indignación ética ante la situación intolerable de este mundo llamado moderno y civilizado, y a volver a lo esencial del Evangelio, al mandamiento principal y Único.
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Os habéis fijado que el verbo aparece en futuro “Amarás” (“amarás al Señor”, “amarás a tu prójimo” …).
Y es que ‘amar’ es un camino, un proceso que hay que recorrer. Una tarea que es hoy pero que continúa mañana y siempre, hasta el final.
Y también, porque cumplir el mandato del amor. (En los diversos ámbitos de la vida, personal, relacional, social, política, ecológica…), no es fácil muchas veces.
Siempre hay que intentarlo una y otra vez. Amarás, amarás…
Por eso, que hoy nos lo recuerde, un día más, el evangelio de Jesús, está bien y es bueno.
Para que podemos responder con nuestra vida: ¿Para ti qué es lo más importante?