Desde Evangelio Mateo 4, 12 y sig. // 28 Junio-26 // SAN PEDRO Elorriaga.
Dice el lema que hemos puesto para el día de hoy: «Nuestro pueblo, nuestra comunidad, nuestra fiesta”
Y es que hoy queremos dar gracias por nuestro pueblo de Elorriaga: por las personas que viven aquí, por las relaciones de vecindad que les unen, por quienes dedican su tiempo y esfuerzo a cuidar y mejorar la vida común, y por todos los que, de una u otra manera, hacen posible que este pueblo sea, cada vez más, un lugar de encuentro y convivencia.
Queremos dar gracias también por la comunidad cristiana que se reúne en esta iglesia. Una comunidad sencilla y viva que, escucha la Palabra, celebra la fe y crece en fraternidad, manteniendo encendida la llama del Evangelio.
Y damos gracias por la fiesta, que cada año nos vuelve a reunir. Una fiesta que es encuentro entre vecinos y familias, memoria de nuestras tradiciones, y compromiso renovado para seguir construyendo juntos presente y futuro.
Una fiesta que sea (como dice nuestro himno) para “a San Pedro gozosos cantar”
Pedro (San Pedro apóstol) y su hermano Andrés, están en sus ocupaciones diarias de pescadores, están con su gente en lo de todos los días (“echando las redes en el mar, arreglando las redes…”)
No están rezando en el templo ni esperando una revelación especial. Están trabajando, ocupados en lo de cada día…
Y es, precisamente ahí, donde Jesús los ve, los mira y los llama.
Y esto nos revela algo esencial del modo de actuar de Dios= Y es que Dios no espera que dejemos la vida (lo que somos, lo que hacemos, …) sino que nos llama dentro de ella.
Dios no llega a nuestra vida para negar lo que somos sino para llevarlo a plenitud.
Por eso les dirá: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. La llamada no es a hacer algo distinto, sino a ser más. Harán el oficio de antes, pero de otra manera.
Y es que Jesús nos llama (también hoy a nosotros, a cada una de nosotros) a una posibilidad nueva.
A hacer experiencia de un vivir nuevo. Desde los valores del Reino, del Reino de Dios: desde el amor, el perdón, la paz, la justicia, la solidaridad, el respeto….
Así lo entendieron Pedro y su hermano.
Y por eso, vieron enseguida que en la llamada de Jesús había algo nuevo y bueno. Que no estaba hablando de dejar sino de coger. Que no está hablando de lo conocido sino de “lo nunca visto”. Que no está hablando de hacer otras cosas sino de un nuevo Proyecto Personal de Vida (dentro de lo que somos, hacemos y tenemos)
Y no se lo pensaron dos veces. (“Al instante le siguieron”)
Hoy, creo yo que Jesús nos pide también otra cosa: el no estar enredados en las redes de siempre. Las redes que conocemos, las que manejamos bien, las que nos dan seguridad… pero que, tantas veces, también nos atan.
Jesús sabe que esas redes nos han servido para vivir, para ir tirando, pero no quiere que se conviertan en un límite.
Jesús no viene para quitarnos lo que somos o lo que hacemos, sino a librarnos de aquello que nos impide ser más.
Y además para que, desde aquí, también nosotros y nosotras, nos convirtamos en personas que (en este tiempo y en esta sociedad) ayudemos y luchemos a desenredar la vida de tantas personas atrapadas por la pobreza, por la injusticia social, por la soledad, por la exclusión, por…..
Y terminaba nuestro himno haciendo una petición y una promesa: “Que solemnemente prometemos (congregados aquí al pie de tu altar) la fe y los valores del Evangelio guardar”