Comentario al evangelio de Mt. 28, 16-20. Domingo de la Ascensión
Dice Juan Masía, un jesuita que vive desde hace mucho tiempo en Japón, donde ha sido profesor de antropología y bioética en la facultad de teología de Tokyo
Que Ascensión es palabra-brújula que señala el rumbo para caminar al encuentro del “Que vive”. Para no extraviarnos.
Que Ascensión al cielo es descenso a la vida en el instante presente.
Que es percatarse de la presencia del Resucitado en lo frágil, lo marginado, lo periférico, lo que se descubre al bajarse a lo vulnerado…En las Gazas y en las Galileas lo encontrareis.
Ascensión es palabra-brújula que señala el norte de la vida verdadera. Es abrir los ojos a la sabiduría del corazón para caer en la cuenta de que camina a nuestro lado. Visible para los ojos del corazón e invisible para la inteligencia artificial.
Ascensión es llamada a percibir la Presencia de Jesús a diario: “Yo estoy con vosotros/as todos los días hasta el final del mundo”. Y en el compartir comunitario.
Y al leer las palabras del jesuita Masía me venía a la mente esas camas elásticas de los parques en las que juegan los niños…en las que …cuanto más es el impulso hacia abajo, hacia el suelo más alto es el vuelo, hacia lo alto, hacia el cielo.
La fiesta de hoy, la fiesta de la Ascensión de Jesús, es la fiesta de aquel que –como dice San Pablo (Filipenses)- “se abajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz”
Jesús, desde ese abajarse, hoy sube a Dios. Se manifiesta como Dios. Es Dios.
Es el que antes anduvo en esta vida tocando el dolor, el sufrimiento, el abandono de los abandonados. Su amor hecho compasión, justicia y bondad.
Es el que se abajó y tocó la tierra y el suelo para estar con los de abajo.
Por eso –concluirá el apóstol- “Dios lo levantó sobre todo nombre. De modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo y toda lengua proclame: Jesucristo es el Señor…”
-Así también nosotros:
Si bajamos, si nos abajamos a la vida de los que sufren, si tocamos tierra, si nos implicamos y nos complicamos… Con Jesús también ascendemos a lo alto, a los cielos, a Dios.
Aunque para ello (como dice el evangelio de hoy) deberemos estar e ir a los lugares que Jesús nos indicó y nos indica.
“Los discípulos fueron al monte que Jesús les había indicado”
---¿Cuáles son mis lugares? ¿Por dónde ando yo? ¿A que otros espacios existenciales debería acudir?
--Sabiendo que a pesar de mis dudas, a pesar de mis miedos, a pesar incluso de mi falta de fe… “Si bien algunos dudaron”-Hemos oído en el evangelio. Jesús sigue contando conmigo.
No tengas miedo dirá Jesús. Y lo dirá acercándose. Poniéndose a mi lado. Y repitiéndome: “Yo estoy todos los días contigo, con vosotros, con vosotras, y hasta el final del mundo”.
Así acaba San Mateo su Evangelio.
[Que, por cierto: lo acaba como había empezado. En el capítulo primero dijo: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel que significa: Dios con nosotros”]
-- Y por último: Decir también que cuando creíamos que esta fiesta de la Ascensión nos hablaba de una partida… va y resulta! que los que tenemos que partir y ponernos en movimiento somos nosotros.
“Id y haced discípulos de todos los pueblos….
Es nuestro turno. Ahora nosotros somos sus testigos. Ahora es nuestra vida la que tiene que hablar y mostrar en hechos aquello que decimos creer.
Con razón decía San Francisco de Asís. “Ten cuidado con tu vida. Porque tal vez ella sea el único Evangelio que algunas personas vayan a leer”