Desde el Evangelio de Jn 10, 1-10. Domingo 4º de Pascua . El Buen Pastor.
En un tiempo como este nuestro, marcado por la incertidumbre, la tensión constante y una sensación de división que parece atravesarlo todo.
Un tiempo en el que abundan las voces, las opiniones y las corrientes que intentan orientar nuestro pensamiento y nuestras decisiones, resulta fácil perder el rumbo o quedar atrapados en el ruido.
En medio de este escenario complejo y, a menudo, crispado, quizá sea más necesario que nunca detenernos y recordar aquello que da sentido profundo a nuestra vida.
Es necesario que quienes nos reconocemos como seguidores/as de Jesús de Nazaret, escuchemos su voz.
Escuchar su voz no es solo un acto de fe, sino también una forma de reencontrar serenidad, discernimiento y esperanza en medio de la confusión.
Su voz expresada en los evangelios, en su Palabra; en su mensaje, en su vida…
Y que resuena y tiene su referencia en aquellas voces, gestos…de nuestro tiempo que hablan de solidaridad, amor, perdón, justicia, respeto, dignidad. Esto también es escuchar su voz.
Escuchar su voz, reconocerla y ponernos en camino
Somos y nos llamamos seguidores/as de Jesús. Seguir es pisar donde el pisa. Acercarse a los demás como él se acercó. Moverse por donde el se movía. Confiar radicalmente en Dios-padre como él confiaba, defender a los más desvalidos como el los defendió….
El seguimiento a Jesús no es una obligación sumisa. Sino una libertad decidida y responsable.
Yo puedo entrar o salirme (si quiero). Dios respeta mi libertad, por encima de otras cosas…
Y todo ello para qué:
Jesús lo dirá de forma segura y tajante:
Para que tengamos vida y vida en abundancia.
Vida profunda
Vida con sentido
El sentido de la vida. De mi vida.