Comentario desde el evangelio de Mateo 5, 17-37. Domingo VIº del Tiempo Ordinario.
¿Recordáis aquella canción que llevaba Alma, Corazón y Vida? (“Oye esta canción que lleva alma, corazón y vida …”)
Cuando Jesús nos dice como tenemos que vivir, también dice: tenéis que poner en todo lo que hacéis alma y corazón y vida.
Porque cumplir lo mandado, lo establecido… en sí no tendría que ser malo y además (¡mira!) es más fácil. Basta con obedecer externamente, seguir la letra de la norma y hacer lo mínimo requerido.
Pero Jesús quiere ir un poco más allá, bastante más allá. Por eso repite: “Habéis oído que se dijo…pero yo os digo”
No quiere discípulos ni seguidores, seguidoras que solo sigan la letra de la norma establecida y nada más.
No viene a abolir la ley (la ley de Moisés y los Profetas) sino a darle cumplimiento, sentido y profundidad. En definitiva, a poner dentro de ella más alma, más corazón y más vida.
“Pero yo os digo”
Jesús va más allá del no matar, del no cometer adulterio, del no jurar en falso…
Con mucha finura, pero con mucha radicalidad, desplaza el centro de gravedad de la vida moral: De la mera observancia, del mero cumplimiento (por temor o castigo) … al amor que transforma por dentro.
Es el amor el que se hace conducta.
Porque el seguimiento de Jesús no consiste en cumplir lo mínimo exigible sino en dejarnos llevar e implicar por un amor (y en ese amor: la acogida, la compasión, el perdón, la entrega, la confianza…) que va, (que van) siempre un poco más allá.
Hoy deberíamos escuchar a Jesús que repite: “pero yo os digo”
Y preguntarnos que es lo que quiere decirme hoy. Sobre nuestro cumplimiento como cristianos, pero también como ciudadanos, y como personas en relación a los demás. (…y con la Naturaleza).
Se nos dijo: cumplid,…pero Jesús nos dice: amad y sentid el amor de Dios.
Si mis acciones y actitudes son de mero cumplimiento (de cumplo y miento como decía aquel)
O por el contrario pongo alma, corazón y vida en lo que hago.
En esto, según Jesús, nos va la vida.
Porque si nuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, (o dicho de otro modo: si no somos mejores que los legalistas letrados y fariseos) no entraremos en el Reino de los cielos.
A mí hoy, este evangelio, me ha impactado tanto, me ha golpeado tanto que me he quedado casi sin saber que decir.
Solo con la sensación de contemplar y revisar mi vivir.