“Todo se ventila en ser capaces de conocer y vivir lo que somos. A quien lo logra se le llama “sabio”.
Solo la sabiduría –la consciencia o inteligencia creativa-, no la mente, es capaz de responder adecuadamente a la única pregunta que realmente merece la pena: "¿Quién soy yo?" y solo la respuesta adecuada a esta pregunta, al situarnos en la verdad acerca de nosotros mismos, permite una comprensión de todo lo demás. Tenía razón la sentencia grabada en el templo de Delfos: “Hombre, conócete a ti mismo, y conocerás al Universo y a los dioses”
(Enrique Mtz. Lozano, “La dicha de ser”, pag 17. Ed. Desclée de Brouwer)