La piedra angular es aquella que, situada en los cimientos, sirve de base; o en un arco de piedra sirve para aguantar al mismo; o colocada en un ángulo del muro, ayuda a sostenerlo con el muro de al lado…
Pues bien, esta imagen que nos sugiere el Evangelio de hoy contiene una idea muy sencilla, pero muy potente, para nuestro ser y vivir como discípulos/as de Jesús. Y, por tanto, también para ser, estar y vivir como comunidad y como iglesia.
Y es que: cuando Jesús está en el centro, cuando es piedra angular… pues nos sostiene y nos mantiene.
Pero cuando en nuestra iglesia o en nuestras comunidades cristianas, en lugar de Jesús ponemos en el centro otras cosas (la autoridad, la jerarquía, las normas o ritos) … corremos el riesgo de que el edificio se tambalee.
Que Jesús sea el centro y la piedra angular significa, claro está, que poco a poco nos iremos tiñendo, nos iremos “contagiando” de su ser, de sus opciones, de los valores del Reino que El anunció y vivió.
Poner a Jesús en el centro es dejarnos transformar la vida.
Es asumir, (como personas y como comunidad), su mensaje, manera de ser, y de vivir.
Es hacernos discípulos y testigos de Él.
Y eso nos lleva necesariamente hacia los demás: creando así una red solidaria que nos vincula y nos hace salir de nosotros mismos y unirnos a los gestos de bondad, a los gritos de justicia, a los actos de solidaridad.
Porque, si poco a poco…. el evangelio no transforma nuestra vida, si poco a poco no crea una comunidad más fraterna, atenta y compasiva… es que igual no hemos puesto a Jesús en el centro.
Y vivir con Jesús en el centro también nos ayuda a entender mejor a Dios padre. (El dios expresado en la parábola)
Un dios que como el propietario de la viña nos cuida y cuida la vida y la tierra con mimo, paciencia y amor.
Cinco verbos, pone el Evangelista hoy, para expresar esto: plantó, rodeó, cavó, construyó, arrendó…
“Y se ausentó” (dice al final, el último verbo). Librando así nuestra libertad. Que sea nuestra tarea y decisión la que vaya dando los frutos.
Pero en vez de disfrutar y compartir los frutos, todos y con todos, algunas personas se dijeron vamos a quedarnos con todo (“vamos, matémosle y quedémonos con la herencia”)
(Parece una historia antigua, pero en realidad es una historia real como la vida misma)
Vinieron profetas a decir y gritar: derecho, libertad, paz, … pan, vivienda, trabajo, justicia…
Y …como dice el evangelio: “a uno lo golpearon, a otro lo mataron, a otro lo apedrearon”
Una parábola que no nos deja indiferentes. Porque no es solamente una historia sobre “los otros”. Es una parábola que nos obliga a tomar postura.
A preguntarnos nosotros mismos ¿Cómo trabajamos en la viña que se nos ha encomendado y qué frutos damos?
Y a revisar nuestra manera de vivir como personas, como comunidad, como iglesia. … como seguidores y seguidoras de Jesús.
¿A quién pongo realmente en el centro, como una piedra angular?