“Si digo voy y me quedo
Si canto paz y golpeo
Si ofrezco pan y doy piedras
Si hablo de amor y lo niego
Si farfullo mil promesas
…para las que nunca hay tiempo.
Despiértame, Dios, pues duermo…
y, sin saberlo, ando ciego.
Y es que como dicen estos versos de Rodríguez Olaizola, las palabras, por sí solas, no valen de mucho cuando no se corresponden con las obras.
Jesús en el evangelio de hoy comienza con una pregunta provocadora.
Y pide a sus oyentes que presten atención y den una respuesta.
“¿A ver qué os parece?”
Jesús cuenta esta parábola (“Dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo”) en un contexto de tensión personal y conflicto social con las autoridades religiosas y políticas de su tiempo.
Echándoles duramente en cara que dicen y no hacen. Que cargan pesadas cargas en los hombros de la gente y ellos no mueven ni un dedo para ayudar.
Hablan mucho de Dios. Se consideran los elegidos de Dios, los que conocen su voluntad y señalan a los demás el camino que han de seguir. Pero Jesús no encuentra en ellos una vida que hable de ese Dios en el que dicen creer.
No encuentra en su manera de vivir y de relacionarse: el rostro de Dios, de ese Dios Abbá, Padre, que Él anuncia y hace presente.
Les dice que no han aceptado el camino de la justicia y del amor de Dios.
Y que, a pesar de haber tenido profetas como Juan Bautista, ni se arrepintieron ni le creyeron.
“Vino Juan enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis, en cambio los pobres, abandonados (aquellos que vosotros llamáis impuros y excluidos de Dios), sí le creyeron”
Por eso les dirá “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios”
Pero claro, las palabras de Jesús nos ponen a nosotros también, a cada uno de nosotros, como delante de un espejo para que nos miremos y veamos nuestra vida y nuestras actitudes, nuestra relación con Dios, …
Leyendo esta parábola, rezando con este evangelio… se me ocurrían estas cosas:
1.- Es una invitación a ir a trabajar a la viña. Es decir, ir a las situaciones de la vida diaria, a la sociedad y al mundo en el estamos. A la parcela que pisamos (que no es solo la iglesia) sino la vida y las personas y su dignidad.
¿En qué “viña” me está pidiendo Dios que trabaje hoy? (Silencio)
2.- Está el padre de la parábola. Con el que Jesús nos vuelve a decir como es Dios: Un padre que es paciente con sus hijos. Que nos da tiempo. Que respeta la libertad de los hijos. Que nos deja que recapacitemos (“Pero después recapacitó y fue”). Que acoge incluso nuestras incoherencias.
3.-Nos habla también de como a veces, nos sentimos seguros y a gusto diciendo que somos cristianos y …. sin darnos mucha cuenta que hay otras muchas personas que, sin serlo, cuidan, se comprometen, defienden la dignidad de las personas y trabajan por la justicia y el Bien común.
4.- Que ni siquiera las obras tienen valor absoluto si no las hacemos, conscientes y bien. No se trata de hacer por hacer, ni de acumular buenas acciones, sino de preguntarnos desde dónde actuamos y qué buscamos con lo que hacemos.
Se trata de buscar siempre la justicia, el bien común y la voluntad de Dios.
Dando sentido y verdad a lo que hacemos.
5.- Y tomar conciencia de que muy posiblemente los dos hermanos están en nosotros. Las dos actitudes en mí mismo. Y de cómo a veces digo y luego no hago y otras digo (no tengo ganas, ni tiempo ni… pero luego) voy y hago.
6.- Que como entonces hoy también tenemos profetas. Son personas, grupos, acontecimientos… que nos hablan, nos cuestionan y nos invitan a apostar por los valores de la justicia, de la verdad, de la dignidad de las personas. Y que nos señalan la voluntad de Dios.
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«Incluso uno solo de estos pequeños». Este es el lema de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Podría parecer demasiado pequeño para una realidad tan grande como la de las migraciones.
(Dibujo hoja)
Uno solo frente a miles. Un rostro frente a las estadísticas. Una historia frente a la complejidad de las fronteras, las guerras, la pobreza y las políticas migratorias.
Y, sin embargo, quizá precisamente ahí esté la fuerza de la propuesta: en recordarnos que las grandes cifras no pueden hacernos perder de vista a la persona concreta.
Esta Jornada nos invita a que dejemos por un momento de mirar la migración desde la altura de las cifras y descendamos hasta la altura de los ojos.
Para ti es quien cuenta (canto Ain Karen)
Porque cuando hablamos de «los migrantes» podemos terminar hablando de miles de personas sin estar viendo realmente a ninguna.
Una estadística nos ayuda a comprender una realidad. Un rostro nos obliga a preguntarnos qué hacemos ante ella.
«El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí».