Comentario al evangelio Lucas 24, 13-35. Domingo 3º de Pascua
Este relato tiene dos partes o mejor dos direcciones. O dos formas de andar por la vida. Un antes y un después.
Por un lado, está el camino de ida donde los dos discípulos se van (desilusionados, desesperanzados, frustrados…) a casa.
Por otro, el de vuelta, después de reconocer y encontrarse con Jesús, el resucitado.
Hoy no voy a fijarme en el de ida. Me voy a fijar solo en el de vuelta.
En el que comienza cuando se les abrieron los ojos y le reconocieron.
Le reconocen en el momento en que (con ellos a la mesa) tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo fue dando.
Aquel gesto sencillo les recordó enseguida la vida y la persona de Jesús. Una vida que como como el pan se partió y se compartió y se repartió en una vida de amor y en servicio… hasta la muerte en la cruz.
Se les abrieron los ojos
No es Jesús el que cambia para que le reconozcan, son los ojos de los discípulos los que se abren y se capacitan para reconocerle. No se trata de ver algo nuevo, sino de ver con ojos nuevos lo que tenían delante.
No es la realidad la que debe cambiar para que nosotros la aceptemos. Somos nosotros los que tenemos que descubrir la realidad desde otra mirada.
O somos nosotros los que tenemos que descubrir al Jesús Vivo, que tenemos delante de los ojos, pero que no vemos.
Porque si aguantamos la mirada (incluso en esos momentos difíciles o duros de la vida) descubriremos como Jesús, Dios se hace presente. Presento y vivo en muchos momentos y lugares.
Con razón que dirán después: ¿No ardía nuestro corazón en nuestro interior cuando nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”
(¿Has tenido tu esta experiencia de sentir eso mismo cuando te acercas a leer, meditar o compartir el evangelio?
Ahora su vida ha cambiado. El evangelista hoy lo expresa con dos verbos:
Levantarse (“Levantándose en aquel momento”)
y Volverse (“Se volvieron a Jerusalén donde encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos….)
La palabra griega que los evangelios utilizan para levantarse, es una palabra que significa también Resucitar.
Podemos decir, por tanto, que ahora están resucitados, que participan ya de la resurrección de Jesús.
Y se volvieron. Volverse es cambiar de camino. Cambiar la actitud.
Ahora están de nuevo en el camino. Pero como personas nuevas, y con otra actitud, con otra mirada, con otro sentido …de vida.
Y corren hasta Jerusalén, a donde están los demás.
Y cuando entrar, para contar lo que les ha pasado por el camino y como le han reconocido al partir el pan…
…Antes de que empiecen a hablar, resulta que los demás están diciendo también: ¿Es verdad! ¿El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!
Es la comunidad que comparte, vive y cuenta su experiencia de fe.
Ahora son testigos. No hablan de memoria ni desde la cabeza. Sino que cuentan su experiencia vital. Lo que han vivido.
La Pascua este año nos invita a cada uno/una a hacer este camino de vuelta.
--A volver a nuestro centro, a centrar nuestra vida.
--A acercarnos a la Palabra, al evangelio para que (como les pasó a los dos) haga arder de esperanza ilusión y compromiso nuestro corazón.
--A volver donde están los otros, a la comunidad.
--A volver a mirar y ver la fracción del pan, la Eucaristía, no como un rito, o… sino como la experiencia que nos sostiene la fe y la vida.
--A ser testigos de lo que creemos y vivimos.
En definitiva, la Pascua nos invita
--A levantarnos, a resucitar.
--Y a volvernos, a cambiar la actitud de nuestro andar por el camino de la vida.