Comentario al Evangelio Juan 20, 19-31. Domingo 2º de Pascua
Y termina el evangelio de hoy diciendo: “Y, para que creyendo que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, tengáis vida. Tengáis vida en su nombre”
Para que tengamos una vida… más vida, una vida resucitada.
Pero no podemos llegar a la Resurrección si primero (como dice la escuela de los Monjes urbanos) no hay una insurrección nuestra, un levantarnos en lucha contra todo aquello que nos impide la Resurrección.
Si cada resurgir cotidiano es tan solo un volver a lo mismo, a la rutina, a sumergirse en la confusión, a confundir mi vida con las cosas que hago…” A no levantar la mirada y no cuestionarme lo que ocurre en el mundo…
…no puedo llegar a la Resurrección.
Necesito (primero) una insurrección contra todo lo que me adormece, contra lo que me impide caminar libremente.
Y para ello, necesitamos poner a Jesús en el centro, en el medio.
Sabiendo, eso sí, que poner a Jesús en el centro, no es solo una mera iniciativa mía o un empeño nuestro.
Él está ya en el medio. La iniciativa es de él. Mi tarea y la tarea de los que formamos la comunidad es desvelarle (quitar el velo) para que el aparezca. Para descubrirle.
Jesús “se puso en medio” -dice por dos veces el evangelio de hoy.
Y, cuando nos hacemos conscientes de su presencia, cuando lo descubrimos y lo ponemos en medio de nuestra vida, en el centro de la comunidad…. Pues igual que les pasó a los discípulos, experimentaremos:
--la paz que nos ofrece. (“paz a vosotros”
--el perdón al que nos invita. (“a quienes les perdonéis los pecados…”
--el soplo de su aire, de su Espíritu que nos hace revivir. (“Exhaló su aliento y les dijo Recibid el Espíritu --Santo…)
--las heridas y las llagas que nos llevan a ser compasivos indignados. (“Les enseñó las manos y el costado…)
--La misión a la que nos envía y acompaña (“así también os envío yo….)
Tomas no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y les decía contadme todo eso que estáis diciendo.
Y ellos se lo contaron y le decía (“Hemos visto al Señor”)
Pero él dijo: no me lo creo.
Si no lo experimento, si no lo veo yo mismo, no lo creo.
Y es que la comunidad ayuda a ver más, a ver con mas profundidad. La comunidad nos aporta y nos sostiene.
Pero también es cierto que tiene que haber una experiencia personal para poder decir cada uno, cada una con verdad confiada: “¡Señor mío y Dios mío”
Hoy por eso, desde nuestra propia experiencia personal de fe y aquí sintiéndonos grupo y comunidad podemos decir: Señor mío y Dios mío.!
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Con el comienzo del tercer trimestre, hemos dado comienzo las sesiones de La Palabra en BerriOna. Un espacio para conocer, compartir y vivir el Evangelio de Jesús. Tienes más información de esta actividad en nuestra página web